Galápagos… naturaleza en estado puro!

Ya ha pasado una semana desde nuestra llegada a la isla de Santa Cruz, en las Galápagos, y seguimos disfrutando de este lugar tan especial e increíble con relativamente poca huella humana. Un lugar que ha tenido el privilegio de vivir muchos siglos sin la presencia del ser humano y eso se nota, sobre todo en los animales salvajes, que mantienen la inocencia que les hace no desconfiar de las personas.

La isla, pese a ser pequeña, presenta climas diversos. El aeropuerto está al norte de la isla y allí el paisaje es muy árido. En cambio, en el centro de la isla, la vegetación aflora y todo se tiñe de verde, cambiando hasta el clima, que se vuelve húmedo y lluvioso.

Lo primero que hicimos al llegar, fue acercarnos al muelle de Puerto Ayora, el núcleo urbano más importante de las islas, para ver y oler el mar. Nada más asomarnos a la barandilla y mirar hacia abajo vimos un león marino recreándose en el agua, y aún con los ojos abiertos como platos por la sorpresa, nos apareció delante de nuestras narices un tiburón, uauuh! Pero esto no es todo, al poco rato apareció un banco de cinco rayas nadando majestuosamente, iguanas marinas tomando el sol en el muelle, cangrejos colorados, pelícanos… y todo esto sólo en el pueblo, parecía que alguien los había puesto allí adrede. Era como estar en el zoo pero con los animales en libertad.

El día que llegamos a las islas murió “George el solitario”, una tortuga galápago, la única superviviente de su subespecie, que tenía más de cien años. Así que justo ese día, en ese momento, se extinguió una especie. El Solitario George era todo un icono de las islas y muchos locales estaban afectados por la pérdida de “su mascota”.

En la zona alta de la isla, cerca del cerro El Chato está la reserva de tortugas galápago donde pudimos ir a ver a estos enormes y tímidos animales en libertad. En el bosque, en silencio, se oían  los fuertes suspiros que emiten estos animales al exhalar; era la única manera de saber donde estaban y poder acercarnos. Con sus más de 300 kilos se mueven muy lentamente, y da la impresión de que les cuesta muchísimo esfuerzo levantar esa pesada casa . Y cuando te aproximas a ellas, se asustan y se resguardan en sus cáscaras emitiendo un fuerte sonido de aire exhalado… todo un espectáculo!

Estos días también hemos disfrutado de las playitas de la isla, haciendo surf, kayak, viendo todo tipo de animales, haciendo alguna excursión al interior, cenando en los quioscos de pescado de la calle Charles Binfort y buceando entre tortugas, tiburones, rayas y cientos de peces.

Mañana empezamos una travesía de varios días en barco por algunas de las otras islas, la mayoría de ellas deshabitadas… Os contamos a la vuelta!

Playa de Tortuga Bay

La pescadería de Puerto Ayora, donde se reunen leones marinos, pelícanos, piqueros de patas azules e iguanas...

Tortuga de las Galápagos bostezando...

Enorme ejemplar de tortuga galápago

 

Iguana al sol...

Iguana marina en la playa de tortuga bay