Primeras impresiones de Indonesia


Acabamos de llegar a Jakarta (Indonesia). La humedad y el calor son muy intensos, la ropa se pega a la sudorosa piel,… desde la India que no sentíamos esta sensación. Nos dirigimos al mostrador de venta de billetes de la estación de trenes de Gambir con intención de comprar pases para Yogyakarta. Dos chicas con el hiyab (pañuelo que cubre el pelo de las mujeres musulmanas) nos atienden muy amablemente y nos comunican que no hay asientos libres para ese día. Vaya! cambio de planes. No nos apetece nada quedarnos una noche en la caótica Jakarta así que tenemos que reaccionar rápido. Lo intentamos con el autobús, que sabíamos que iba a ser más largo e incómodo que el tren. Desde la estación de trenes de Gambir cogemos el Transjakarta (bus urbano con paradas elevadas tipo metro) y nos dirigimos al terminal de buses de Pulo Gadung. Dentro del abarrotado vehículo somos los únicos extranjeros, y allí donde vaya tu mirada te encuentras a alguien observándote con cara de curiosidad. En esta ciudad de casi 9 millones de habitantes los occidentales aún son una rareza.
Llegamos a la terminal de autobuses, un lugar polvoriento lleno de vehículos entrando y saliendo, donde nos parece que el caos reina a sus anchas y se respira ese ambiente tan característico de los lugares de tránsito: decadente, deshumanizado, canalla, ambulante… A nuestro paso van apareciendo hombres de las diferentes compañías de autobuses intentando que les compremos el billete a ellos, aún sin saber a dónde nos dirigíamos. En algún momento tenemos hasta cuatro a nuestro alrededor gritando para que vayamos con ellos. Estas situaciones ya las hemos vivido anteriormente, y aunque ya hemos aprendido a mantener la calma y serenidad, seguimos sin acostumbrarnos a ellas. Paramos, dejamos que se cansen, y retomando nosotros el control nos dirigimos a buscar un bus que vaya hacia Yogyakarta.
Ya dentro del autobús, y con 15 horas por delante, vamos cruzando pequeñas calles muy transitadas y vemos como despuntan decenas de pequeñas mezquitas entre los edificios, con su característico color verde y la media luna y la estrella en lo alto. De lejos se oye el llamamiento al rezo…
Estamos en un país de mayoría musulmán (80% de la población), cosa que se aprecia rápidamente, sobretodo en la vestimenta de algunas mujeres, pero nos sorprende que, a diferencia de otros países musulmanes que habíamos estado anteriormente, se toman la religión de una manera más relajada, menos estricta: no todas las mujeres llevan el hiyab, los hombres no llevan túnica, se ven Mc Donalds y Dunkin Donuts por todas partes, venden películas de Hollywood por la calle, los jóvenes llevan camisetas de grupos de música occidental, venden alcohol en muchos lugares… y así, una larga lista de toques occidentales.
Y aquí estamos de nuevo, adentrándonos en un nuevo país, en esos primeros momentos que tanto nos gustan porque… nos siguen sorprendiendo.