En kayak por el rio Ou (Laos)


La primera vez que leímos que existía la posibilidad de bajar el rio Ou (noreste de Laos) en Kayak, nos gustó tanto la idea que supimos en ese instante que cuando llegáramos a Laos íbamos a hacerlo, y así fue.
Nuestra aventura empezó en la pequeña y tranquila población de Nong Khiaw, donde hay un par de agencias que organizan viajes y excursiones de aventura. El tramo de rio que íbamos a bajar en kayak, unos 30 Km aproximadamente, no está conectado por ninguna carretea, lo que permite cruzar una jungla casi virgen durante dos días, con acampada a orillas del río incluida.
A nosotros se unió Cameron, un australiano que ya llevaba a sus espaldas una vuelta al mundo de 6 años y que ahora, 15 años después, empezaba un nuevo viaje, nueva aventura, sin un rumbo fijo.
El día amaneció frío y una tenue niebla cubría la vegetación que envolvía el rio, dos kayaks dobles nos esperaban en la orilla. Empezamos a empaquetar y amarrar los bultos en el kayak: ropa y objetos de valor en bolsas impermeables, tiendas de acampada, sacos, agua y comida. Todo debidamente equilibrado. Aunque la mayor parte del rio es muy llano, en algún punto hay pequeños rápidos que hacen inevitable el mojarse.
Primeras remadas en frio, coger la posición y sincronizar la remada, derecha, izquierda, derecha, izquierda. El ambiente estaba muy calmado, relajante, el único sonido que se oía era el de nuestras remadas y el de los pájaros que aguardan en los arboles.
Fuimos entrando en calor mientras la niebla se iba difuminando. Por el camino nos cruzamos con pequeños botes alargados con motor fueraborda. La gente local se desplaza en ellos para ir de un pueblo a otro, al mercado, a los huertos que tienen en las orillas del rio o a pescar. El sol estaba radiante, mojarse en los rápidos era agradable. Tras 3 horas de remar paramos en un poblado para comer. Era el típico poblado rural de Laos: un camino polvoriento de arena rojiza con casitas de bambú a lado y lado, cerdos negros y gallinas hurgando y picoteando por todos los rincones, muchos niños con harapos jugando con una simple zapatilla. Coincidió que celebraban el nuevo año agrícola y compartimos con ellos bebida, comida y baile.
Después de otra sesión de remo llegamos a la “playa” donde acampamos y tuvimos que montar la tienda, buscar leña, hacer fuego y preparar la comida… todo al estilo boyscout. Una noche inolvidable, con visita de cerditos incluida.
Amaneció de nuevo, y otra vez a remar. Esta segunda jornada nos sorprendió con más rápidos, donde tuvimos que poner a prueba nuestra destreza y trabajo en equipo en el kayak. Por el camino nos cruzamos con la versión local “dels rallers”, que transportaban bambú hacia Luang Prabang… todo un espectáculo.
Y hasta aquí nuestra aventura en kayak por Laos: os dejamos con unas fotos para el recuerdo.