Primeras impresiones de Bolivia

Al entrar a Bolivia, rápidamente nos encontramos con un viejo conocido. Este nos ha levantado a media noche, nos ha dejado sin aliento, nos ha robado el  apetito y hasta nos ha dado dolor de cabeza. Por suerte no nos ha pillado por sorpresa, ya lo conocíamos, ya habíamos sufrido mal de altura anteriormente, y sabíamos que requiere de una pausada aclimatación.

Al entrar en Bolivia nos hemos encontrado también con medio país en huelga, con carreteras bloqueadas y ciudades paralizadas. Esta vez le ha tocado el turno a los médicos, que se oponen al aumento de jornada laboral, de 6 a 8 horas, que les quiere imponer el gobierno de Evo Morales, sin un aumento de los beneficios que otros trabajadores públicos tienen.

Volvemos a este país cuatro años más tarde y pocas cosas han cambiado, volvemos a sentir emociones parecidas, y una agradable sensación nos recorre el cuerpo. Nos reencontramos con las paradas de comida ambulante en la calle vendiendo empanadas, panes, humitas, carne con papas, pique macho, etc… Y hemos vuelto a deleitarnos con las deliciosas sopas de quinua, un cereal muy nutritivo del que están muy orgullosos. Volvemos a encontrarnos con las telas coloridas locales, las abultadas faldas de las señoras y sus pequeños sombreros bombín superpuestos en su cabeza. Volvemos a encontrarnos con las pieles morenas y los rostros tostados por el sol de las alturas, los locales chascando hojas de coca para la altura y las mujeres trabajando con los bebes cargados a su espalda con telas.

Y aquí empieza nuestra aventura por este entrañable país, el más pobre de Suramérica y con un 70 % de la población que se considera indígena.