Navegando por el río Ayeyarwady


Por la mañana habíamos partido de Myitkyina (Norte de Birmania) y cuando ya llevábamos ocho horas sentados en esa barcaza, cargada de gente y mercancías hasta los topes, por fin dejó de llover, salió el sol, y el pueblo de Bhamo apareció en el horizonte. Las pequeñas y duras banquetas de madera y la poca movilidad en la pequeña embarcación hacían de tal hecho un gran momento. En este pueblo, a orillas del río Ayeyarwady, hicimos una parada de día y medio para esperar el siguiente barco que partía con destino Mandalay.

Si hay que buscarle un solo adjetivo a Bhamo, auténtico es el que mejor le queda. Con poca o nula influencia occidental y fuera de las rutas turísticas, la rica vida de este pueblo se cuece en su mercado y toda la orilla del río. Durante las horas centrales del día, cuando el sol es insoportable, es buena idea perderse por las laberínticas callejuelas del mercado y ver y oler la variedad de productos frescos que venden: toda una experiencia para los sentidos.

Cerca de la pagoda Theindawgyi hay un monasterio budista donde los jóvenes monjes estudian. Si se pide permiso, se puede entrar a visitarlo e intentar intercambiar algunas palabras con los monjes. Es increíble como hasta ellos conocen el Barça, a Messi, Xavi, Iniesta o Puyol. En Myanmar, se espera que todo varón (budista) pase una temporada monástica antes de los 20 años.

Ya al atardecer buscamos un discreto rincón en el embarcadero principal para ver el ir y venir de embarcaciones y el ajetreo de mercancías que se cargaban en los ferris; todo transcurría a ritmo de película muda de tonos sepia de principios del siglo pasado.

Al día siguiente empezó nuestro periplo en barco hasta Mandalay. Fueron más de 35 horas río abajo, sin duda una experiencia inmejorable para ver y compartir momentos con la gente local. En el barco quizá éramos más de doscientas personas, todos mentalizados en que iba a ser un largo viaje. Nos sorprendió la paciencia que pueden tener estas gentes, que aguantan sentadas en el suelo todo el trayecto, sin inmutarse lo más mínimo por las incomodidades del viaje.

Por el camino íbamos parando en pequeños pueblos, donde subían personas a raudales con comida preparada para vender a los hambrientos pasajeros. Cada parada era un fandango de gritos, prisas y carreras arriba y abajo. Una vez zarpábamos de nuevo, y con el runrún de los motores, la calma volvía a la cubierta, y todos volvíamos a quedarnos ensimismados mirando como transcurría la vida a orillas del río.

Información práctica para hacer esta ruta
Esta ruta nos ha encantado y queremos compartir los datos prácticos para que todo aquel que busque la esencia de Burma tenga por dónde empezar. Las cosas cambian muy rápidamente en Birmania y mucha de la información que aparecía en nuestra guía estaba ya desfasada, así que es posible que lo que a continuación escribamos caduque en breve.
¿Cómo llegar a Myitkyina?
– 20h en tren desde Mandalay . 50$/persona en sleeper
La vía tiene tantas irregularidades que los saltos que pega el tren no te dejan dormir. El camarote es de 4 camas, más espacioso que los de los trenes indios pero más espartano (creo que los trenes son los mismos que dejaron los ingleses a mitad del siglo pasado).
También puedes llegar en avión desde Yangón o Mandalay o quizás en autobús aunque en el momento de ir nosotros no estaba permitida la circulación de autobuses hacia Myitkyina.
Etapas por río:
Myitkyina – Bhamo (1 día)
– 8 horas en bote rápido. 25.000 kyats por persona, unos 25€.
En nuestro caso iba lleno hasta los topes, lo que hizo que el trayecto fuera bastante incómodo. Hay una opción más lenta (pero con botes más espaciosos), en dos etapas, con botes que paran en Simbo. Es posible que tengas que hacer noche allí.
– En Bhamo recomendamos el Friendship Hotel (7$/persona con baño compartido): habitaciones muy limpias y espaciosas, incluye un desayuno buffet libre (increíble) y el día que te vas te llevan al embarcadero y te dan una bolsa con comida (pack lunch) todo incluido en el precio!
Bhamo – Mandalay (2 días)
– De 30 a 48h de Ferri. Lunes, miércoles y viernes. 9$/persona si duermes en la cubierta o 54$/pers si duermes en camarote.
La opción dormir en la cubierta es muy espartana (llevaros una manta) pero los camarotes tampoco son ninguna maravilla. La doble tarifa que nos aplican a los turistas en este país hace que pagues una pasta por un servicio bastante mediocre. Otra de las extravagancias del gobierno.
– En Mandalay hay más oferta de alojamiento, toda muy similar y de calidad mediocre

Audio: toque de queda en Myanmar


Os dejamos con una cápsula de audio, una de estas noches, desde Mandalay.
Birmania by dandolelavuelta

En la foto, Lu Wan, uno de los Moustache Brothers, de los que os hablaremos en el próximo post, posando con una imagen de él y sus hermanos junto a la líder demócrata Aung San Suu Kyi.

Sonrisas vergonzosas en Bhamo, Birmania.


Sólo accesible por río, Bhamo esconde la esencia de la Burma más auténtica, como la sonrisa que nos ha regalado este pequeño monje.

Myanmar – Burma: primeras impresiones

Llegamos a Yangón ya de noche, el calor y la humedad se hacen notar. Un autobús de los años sesenta nos espera a la salida del aeropuerto  para llevarnos al hotel (Mother Land Inn 2). Por el camino, sentados en las banquetas de madera del bus, vemos que la mayoría de los vehículos tienen ya varias décadas, y pese a circular por la derecha hay mucho de ellos con el volante a la derecha. Preguntamos al conductor y nos aclara que: la junta militar decidió en el año 1973 cambiar el sentido de circulación, con un afán de borrar toda influencia de su pasado como colonia inglesa. Muchos de los vehículos, con una antigüedad mayor que dicho cambio siguen teniendo el volante a la derecha!!

Aparte de intentar borrar toda señal de su pasado como colonia inglesa, la junta también ha dejado el país con un atraso increíble, comparándolo con sus vecinos (China, India o Tailandia). Caminando por las calles de Yangón, por ejemplo, te encuentras a un señor con una máquina de escribir redactando documentos para ciudadanos, para poderlos presentar a la administración.

El teléfono, que en nuestro país ha pasado de estar en todas las casas a ser una prolongación de nuestro cuerpo, aquí es aún un bien de lujo. Hay paradas callejeras donde los ciudadanos acuden a realizar sus llamadas.

Aunque viendo a estos operarios intentando realizar una conexión en este amasijo de cables entendemos que las comunicaciones no funcionen bien.

Esta sociedad, que no ha tenido opción a unirse al consumismo, ha desarrollado la capacidad de darle múltiples vidas a todos los aparatos, ya sea vehículos, electrodomésticos, etc… En Yangón hay calles enteras donde el reciclaje es su máxima y puedes ver muchos puestos donde se dedican a separar metales, rebobinar motores, reparar y despiezar de todo.

Al atardecer, cuando el sol ya no calienta tanto, las calles del centro se transforman en ricos y pintorescos mercados: los comerciantes distribuyen por el suelo todas sus mercancías, mientras los puestos de comida tienen sus wok a todo gas, llenando el aire con apetitosos olores. Los últimos rayos de sol iluminan este ajetreo dándole al ambiente una magia especial.

La religión está muy presente en todos lados, y en cada rincón de la ciudad encuentras una pagoda dorada, una imagen de Buda, un monje con túnica azafrán o una monja con túnica rosa…

Amnistía a los presos políticos de Myanmar, ¿apertura de la junta?

Hace un par días nos llegó la noticia que se ha dejado en libertad a cientos de presos políticos en Myanmar. Es una gran noticia para la mayoría de ciudadanos de este país, ya que se ve como un brote de esperanza: esperanza a que el régimen militar deje de oprimir a la población, restringida de los derechos y libertades básicas que todo ser humano debería tener. El único fin de tener a toda una nación oprimida, no es más que mantener los privilegios de unos pocos: unos pocos (junta militar) que viven a sus anchas a coste de todo el pueblo. Esta es una práctica muy extendida en todo el mundo, incluso en occidente (de manera más liviana y disimulada), pero aquí tiene unas dimensiones escandalosas, difíciles de entender en los tiempos que vivimos.

Quizás es porque Myanmar tiene un presente parecido a nuestro pasado contemporáneo (dictadura militar), o porque es un destino relativamente poco turístico, o por las cosas que otros viajeros nos han contado, pero sentimos simpatía y gran curiosidad por este país y sus gentes. Por suerte aquí estamos, apunto de volar a Yangon, con un mes por delante para conocer y aprender de éste nuevo pedacito de mundo.

Sabemos que vamos a un país con un régimen totalitario como el que describía George Orwell en 1984, por cierto libro prohibido en Myanmar, donde la libertad de expresión es una utopía, castigada duramente por la junta militar a aquellos que la persiguen. Vamos a un país donde tener una tarjeta de teléfono móvil cuesta 1.000$, un privilegio que muy pocos se pueden permitir. Donde los visados a extranjeros con profesiones como escritor, periodista o fotógrafo son denegados por la junta, donde no existen cajeros automáticos ni bancos y donde muchos libros están prohibidos.

La respuesta de occidente a esta tiranía se ha materializado en sanciones económicas, embargos y retirada de inversiones en el país. Una buena respuesta, si no fuera porque es parcial, ya que los negocios relacionados con el petróleo y el gas siguen estando en la lista de “permitidos” en occidente. Myanmar tiene buenas reservas de gas y petróleo que generan beneficios únicamente a la junta militar. Otro ejemplo de que la dependencia de los combustibles fósiles nos lleva a apoyar regímenes de este tipo.

Intentaremos viajar por el país evitando al máximo consumir productos y servicios cuyos beneficios vayan a la junta militar. Hay varias webs donde te dan recomendaciones para evitar esto.

Sabemos que en este país las comunicaciones no funcionan del todo bien, de modo que no vamos a poder actualizar el blog tan a menudo como quisiéramos.