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Resumen de Bolivia

 

Días de viaje: 12

Moneda y cambio
: 1€ = 8,5 pesos bolivianos

Coste medio diario:
Alojamiento, comida y transporte:  13 €/persona y día
Tour 3 días por el salar: Alrededor de 100€ por persona

¿Cuánto vale…?
. Una habitación doble: alrededor de 11€
. Una menú de dos platos y postre: unos 2€
.  1h de internet   Wifi gratis en la mayoría de alojamientos, bares…aunque la conexión es aún muy lenta
. 1 botella de de cerveza de 1l: 1,5€
. 1 l de gasoil:0,5€/l
. Trayecto de 5horas en bus: 4€ Leer más

La boca del infierno: cerro rico de Potosí


Si nos fijamos en el escudo nacional de Bolivia, en él aparece una montaña prominente de forma cónica: es el Cerro Rico de Potosí, y el adjetivo “rico” es debido a la cantidad de plata que contenían las entrañas de esta montaña. En 1545 y, bajo la colonia española se empezó a explotar una mina en esta montaña y desde entonces, no ha habido día que se dejara de trabajar. Durante el siglo XVII la ciudad de Potosí pasó por una época dorada, siendo la mayor productora de plata del mundo. En 1625 Potosí tenía una población mayor a ciudades como París o Londres. El dicho “vales más que un Potosí”, para hacer referencia a algo muy valioso, sigue utilizándose, pero ahora, 460 años después de su descubrimiento, la realidad de la mina del Cerro Rico es bien diferente ya que la extracción de plata se ha reducido a una fracción insignificante, y todo es mucho más decadente. Ahora se extrae plomo, zinc, antimonio y estaño de forma bruta, y una vez procesado tan sólo se aprovecha un 20 % de todo lo extraído.
Uno de los días que estuvimos en la ciudad de Potosí decidimos ir a visitar la famosa mina, y lo que vimos bajo tierra se nos ha quedado impreso en nuestra memoria.
Todo empezó como el típico tour para guiris. Nos metimos en un bus y nos llevaron a un almacén para equiparnos para la experiencia: casco con frontal, botas, chaqueta y pantalones impermeables. Desde allí fuimos subiendo hacia el cerro, que aparecía imponente al fondo y de color rojizo. Nuestro guía, antiguo trabajador de la mina, nos llevó hasta la boca de una de las galerías, y allí nos explicaron cómo teníamos que pegarnos a las paredes de la gruta si aparecía una vagoneta por los raíles.


Fuimos entrando y a los 40 metros de andar sobre los raíles de las vagonetas ya no quedaba rastro de la luz exterior: la única luz era la de nuestros frontales. A medida que avanzábamos la galería se volvía más angosta, hasta el punto de tener que ir agachados. Los puntales estructurales de madera estaban partidos, podridos y no daban la más mínima confianza. El aire se volvía cada vez más denso y olores difíciles nos irritaban la nariz y la garganta. De repente, el guía se giró y nos alertó que se acercaba una vagoneta. En el lugar donde estábamos no había suficiente espacio para resguardarnos. Tuvimos que correr apresuradamente unos 15 metros hasta encontrar un lugar ligeramente más ancho donde pegarnos a las paredes. Allí aguardamos, casi sin respirar, oyendo como se acercaba el sonido de la vagoneta. Por fin, la vagoneta pasó lentamente a escasos 20 centímetros de nosotros y pudimos continuar hacia adentro, cada vez a temperaturas más altas.
Por el camino el guía nos explicó el funcionamiento de la mina: Esta mina es propiedad del estado de Bolivia, y este da una concesión de explotación de una “parcela/agujero” a los mineros, que tienen que aportar por cuenta propia todo el material para explotar su pequeña gruta. No existe un organismo o empresa que se encargue de gestionar la mina de manera global, procurando por la seguridad de los trabajadores, ni adecuando las galerías comunes. Allí si tienes suerte y tu gruta tiene una buena veta de plata puedes salir rico, de lo contrario ( y como pasa comúnmente) trabajarás para ganar unos pocos pesos. Hay mineros con derecho de explotación, que contratan a otros mineros y les pagan como asalariados pero no existe ningún tipo de seguridad social, ni seguro médico que los cubra, ni mucho menos se sigue la más mínima seguridad laboral. Cada uno va cavando su gruta, a base de explosivos, sin saber qué hay al otro lado de la pared. Muchos accidentes y disputas se producen porque un minero acaba conectando su gruta con la del vecino y muchas veces la disputa acaba con la muerte de uno de ellos.
Seguimos avanzando y llega un punto crítico en el recorrido, hay que bajar del primer nivel al tercero por un paso muy estrecho, por el que hay que tumbarse en el suelo y reptar para luego bajar una escalera de madera. En el tercer nivel la temperatura ya es muy alta debido a las reacciones químicas que se producen entre los minerales. Avanzamos unos metros y nos encontramos un señor sentado en el suelo con el rostro pálido. El guía le pregunta cómo está y el hombre con un hilillo de voz casi inaudible le contesta que se ha desmayado y está reposando un rato para volver a picar piedra en el agujero. El hombre sin articular palabra alza el brazo y señala la botella de agua que llevamos en la mano. Rápidamente se la acercamos, la coge y le da un gran trago. El polvo en suspensión en el denso aire hace muy difícil la respiración. Más adelante nos encontramos con un grupo de mineros que cargan unas vagonetas con el mineral extraído durante todo el día. Algunos de ellos no pueden ya ni subir los sacos a la camioneta y sus caras se desgarran de sufrimiento. Llevan horas y horas en ese ambiente insalubre, alguno hasta 24 horas. Aún les queda humor para bromear entre ellos, mientras mascan hojas de coca y beben litros y litros de agua que los turistas les traen. El calor en el tercer nivel es insoportable y como muestra de ello, el objetivo de la cámara se empaña al instante de quitar la tapa.
La esperanza de vida de estos mineros no es superior a los 45 años. Muchos de ellos sufren de silicosis antes de llevar trabajados los 10 años en la mina y muchos otros mueren o se quedan inválidos por accidentes.
La vuelta a la superficie fue más agobiante que la bajada, pues las ganas de volver se acentuaban después de ver aquellas personas trabajando en aquellas condiciones de esclavitud voluntaria.
Sin duda alguna, después de estar en la mina de Potosí, y ver las condiciones de trabajo, vamos a ser mucho más conscientes de donde vienen los metales que tan acostumbrados estamos de usar en nuestra vida cotidiana.

Un no-lugar llamado Salar de Uyuni


El Salar de Uyuni, en el altiplano de Bolivia, es el mayor desierto de sal del mundo: ocupa una superficie equivalente a la de toda la provincia de Lleida, unos 12.000 km2. Leer más

Primeras impresiones de Bolivia

Al entrar a Bolivia, rápidamente nos encontramos con un viejo conocido. Este nos ha levantado a media noche, nos ha dejado sin aliento, nos ha robado el  apetito y hasta nos ha dado dolor de cabeza. Por suerte no nos ha pillado por sorpresa, ya lo conocíamos, ya habíamos sufrido mal de altura anteriormente, y sabíamos que requiere de una pausada aclimatación.

Al entrar en Bolivia nos hemos encontrado también con medio país en huelga, con carreteras bloqueadas y ciudades paralizadas. Esta vez le ha tocado el turno a los médicos, que se oponen al aumento de jornada laboral, de 6 a 8 horas, que les quiere imponer el gobierno de Evo Morales, sin un aumento de los beneficios que otros trabajadores públicos tienen.

Volvemos a este país cuatro años más tarde y pocas cosas han cambiado, volvemos a sentir emociones parecidas, y una agradable sensación nos recorre el cuerpo. Nos reencontramos con las paradas de comida ambulante en la calle vendiendo empanadas, panes, humitas, carne con papas, pique macho, etc… Y hemos vuelto a deleitarnos con las deliciosas sopas de quinua, un cereal muy nutritivo del que están muy orgullosos. Volvemos a encontrarnos con las telas coloridas locales, las abultadas faldas de las señoras y sus pequeños sombreros bombín superpuestos en su cabeza. Volvemos a encontrarnos con las pieles morenas y los rostros tostados por el sol de las alturas, los locales chascando hojas de coca para la altura y las mujeres trabajando con los bebes cargados a su espalda con telas.

Y aquí empieza nuestra aventura por este entrañable país, el más pobre de Suramérica y con un 70 % de la población que se considera indígena.

Salar de Uyuni (Bolivia)

Creemos que el frío que ha hecho en el Salar de Uyuni es el causante de que nos hayamos vuelto diminutos! Compartiendo momentos con Aleyda y Ariadna de www.eligenuestraaventura.com.