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Viaje en bus de Srinagar (Cachemir) a Leh a los pies del Himalaya

Para recorrer los 450km que separan Srinagar de Leh, decidimos vivir nuestra primera aventura a bordo de un autobús indio llamado “Super deluxe” (ya juzgaréis la clasificación después). Nos esperaban 22h de viaje repartidas en dos días y, aunque el cuerpo nos ha pasado factura, el recorrido ha merecido la pena: la inmensidad de las montañas, la fuerza del agua, las nieves perpetuas, los nómadas, el sentirnos diminutos,… Os dejamos con un video con las grabaciones de voz hechas durante el viaje que resumen la experiencia.

Cachemir: viviendo del recuerdo o la factura de la guerra


Gulaam, propietario de un houseboat, una casa flotante en el lago Dal (Srinagar), vivía felizmente del turismo en las décadas de los 60s, 70s y 80s: acompañaba a sus huéspedes a comprar las preciadas alfombras cachemires, mostraba los jardines mongoles en su máximo esplendor y celebraba fiestas a la orilla del lago Dal. La época dorada del turismo en Cachemir acabó de golpe en 1989 cuando un contingente militar de cachemires se rebeló contra el gobierno indio, apoyado por masas de guerrilleros independientes procedentes de Afganistán y Pakistán. A partir de entonces, la sociedad civil y los turistas sufrieron múltiples ataques y se violaron los derechos humanos. Hoy, veinte años después, la situación está mucho más calmada, pero no por ello está el tema resuelto.

El conflicto se gestó en 1947, cuando se proclamó la independencia de India y, con ella, su partición. India se dividió en la parte hinduista por un lado y las zonas musulmanas por otros, formando lo que hoy conocemos como India, Pakistán y Bangladesh. El trazado de las fronteras acarreó muchos problemas y la zona de Cachemir, de mayoría musulmana, quedó anexada a una India de mayoría hindú reclamada por Pakistán.

Gulaam vive hoy de los recuerdos en una ciudad que no consigue recuperar su apogeo turístico ya que acarrea el lastre de haber sufrido un conflicto del que aún quedan heridas abiertas. Mientras nos enseñaba el libro de huéspedes de los últimos 40 años, pudimos sentir su melancolía y resignación por lo que le ha tocado vivir.

Nos ha gustado haber estado allí: los paseos por el lago, los paisajes verdes y las montañas al fondo, los jardines mongoles, la aparente calma y la amabilidad de sus gentes… y, aunque sigue muy militarizada… merece otra oportunidad.